El 3er cumpleaños de Otto

Existen una serie de mitos en cuanto a la crianza de los niños con Síndrome de Down, enfocados en que estos pequeños no sólo deben recibir un trato especial sin exigirles normas de comportamiento, responsabilidades y motivarlos a que aprendan y se eduquen, sino que no merecen ni siquiera llevarlos de vacaciones, de paseo, o celebrarles su cumpleaños, porque no están en capacidad de entender lo que se les ofrece o se les muestra, ni mucho menos de valorar el esfuerzo de sus padres y el sacrificio de éstos en muchos casos.

 

Pues quiero contarles que recientemente viví la experiencia con Otto de la celebración de sus 3 añitos.  A pesar de su corta edad, y de tratarse de su primera fiesta, Otto disfrutó como cualquier otro niño. Estuvo alegre y se sintió querido durante toda la reunión correteando y trepándose en todos los implementos del parque. A la hora de tumbar la piñata, con mucha madurez le dio los palazos respectivos sin ayuda y emocionadísimo, cedió el palo para que los demás hicieran lo mismo, y sin ningún inconveniente recogió luego los juguetes cuando cayeron con sus amiguitos intercambiando algunos y revisándolos como los demás con curiosidad. En el momento de picar la torta, con mucha concentración siguió la canción del cumpleaños feliz y sopló sus velas como todo un campeón. Al terminar aplaudió muy contento. Al regresar a casa, abrió sus regalos y aprendió romper el papel para descubrir lo que había adentro de cada envoltorio. Yo me pregunté hasta el cansancio esa noche a la hora de dormir: ¿Qué tuvo de diferente la actitud de Otto comparada con la de mi hijo Pedro cuando en su oportunidad también le celebré sus 3 años? Todavía mi respuesta sigue siendo la misma: ninguna. Pues le hemos mostrado las fotos y el video de ese día, y por su atención e interés, sabemos que está recordando perfectamente lo que disfrutó esa tarde tan maravillosa.

 

Tal vez, quienes leen esto pensarán que yo como madre estoy siendo subjetiva y evaluando los hechos dominada por el corazón, exagerando en mi análisis, y no los culpo, porque hasta yo me sorprendí de la madurez de mi hijo y a ratos cuando estaba dándole palo a la piñata se me aguaron los ojos porque me parecía increíble la manera tan natural en que Otto logró asumir cada momento, por eso invito a todas aquellas personas que compartieron ese rato con mi familia y que sin duda alguna fueron testigos de todo lo que Otto gozó, a que compartan aquí su comentario, para que las demás madres se motiven a darle todas las oportunidades que puedan a sus hijos, sin pensar jamás que están perdiendo el tiempo, porque además, si ese fuese el caso, nada más los momentos de alegría compartidos ya de por sí valen la pena y enriquecen el alma.

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